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Uno de los retos más grandes a los que se enfrentan todos los profesionales de la industria de la construcción son los relacionados a la protección contra incendios. Todos los edificios – nuevos y viejos – son susceptibles a la amenaza del fuego y los daños consecuentes causados a la propiedad y al bienestar de sus inquilinos.

Por definición, la resistencia al fuego es la capacidad de los materiales de una construcción de contener y limitar la propagación dentro de sus instalaciones. De acuerdo al Código Internacional de la Edificación® (IBC®, por sus siglas en inglés), existen dos métodos de protección contra incendios, activa y pasiva.

PROTECCIÓN PASIVA CONTRA INCENDIOS

La contención pasiva del fuego es uno de los objetivos primarios de los productos resistentes al fuego, y tiene las siguientes funciones:

  • Proteger a sus ocupantes durante las emergencias
  • Prevenir la propagación del fuego y humo por medio de cubos verticales
  • Aislar las amenazas
  • Proteger los sistemas de los edificios y construcciones

El objetivo de la protección pasiva es generar tiempo para evacuar y relocar a los ocupantes de un edificio hacia un lugar seguro mientras los bomberos evalúan y controlan la emergencia.

La mejor barrera para lograr una protección pasiva contra fuego es, la instalación de tableros de yeso, que están fabricados con un 20% de agua combinada químicamente. Estos materiales son sumamente efectivos dentro del diseño de protección contra incendios y se han utilizado desde hace más de 100 años, sin embargo, su uso se ha vuelto una práctica común desde hace más de medio siglo.

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Se sabe que el rey Luis XVI de Francia promovió el uso del yeso como protección contra incendios en el año de 1667, justo un año después del Gran Incendio de Londres, ya que el rey temía que su pueblo sufriera la misma suerte. El uso del yeso se popularizó a lo largo de Europa, tanto, que la pasta de yeso llegó a ser conocida como “yeso de París”.

PROTECCIÓN ACTIVA CONTRA INCENDIOS

El segundo método de protección contra incendios es la protección activa. Está técnica depende de la acción humana para controlar o terminar con el fuego. Algunos ejemplos de este tipo de protección son:

  • Sistemas automáticos de rociadores
  • Sistemas de gases, espumas o agentes químicos
  • Extintores

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Este tipo de protección se ha vuelto común en la industria de la construcción, ya que se ha comprobado que reduce significativamente el crecimiento de las llamas y su propagación a edificios vecinos.

LO QUE NECESITAS SABER

Para obtener un mayor nivel de protección contra fuego, es necesario mantener un balance entre protección pasiva y activa. La protección activa jamás deberá reemplazar a los métodos de protección pasiva en el diseño y construcción de edificios, y viceversa. Para asegurar la protección contra el fuego y la preservación de la vida, es imperante que todas las construcciones combinen ambos sistemas de protección.